En fechas muy recientes ha visto
la luz el libro Reptiles de Macaronesia. Archipiélagos de Azores,
Madeira, Salvajes, Canarias, Cabo Verde y litoral del Sáhara
atlántico, firmado por José Antonio Mateo, Philippe Geniez,
Patricia Veiret y Luis Felipe López-Jurado y publicado por la
Asociación Herpetológica Española.

Se trata de una obra muy bien
editada, de cubierta semiblanda con solapas, papel de cierta calidad
y numerosas fotos, tablas y gráficos, que se estaba echando en
falta, pues es el primer tratado exhaustivo sobre la fauna reptiliana
de toda la Macaronesia, abarcando no solo los cinco archipiélagos
que componen esta región (bio)geográfica, sino también una franja
relativamente amplia del sur de Marruecos y el Sáhara Occidental
próxima a Canarias, que algunos(as) consideran el “enclave
continental macaronésico”. Una de las principales cualidades del
libro es abordar de forma separada todas y cada una de las especies
que componen esta fauna, con capítulos individuales por archipiélago
y concluyendo con los territorios continentales del noroeste de
África ya mencionados.
Comienza el libro por un pequeño
apartado titulado “Cómo leer e interpretar este libro”, a lo que
siguen los agradecimientos de rigor. Tras estos textos iniciales se
desarrolla el capítulo I, que lleva por título “Reptiles y
Macaronesia. Una introducción”. Posteriormente se desarrolla el
capítulo II, “Macaronesia: Parecidos razonables y diferencias
significativas”, seguido del tercero, “Una aproximación
biogeográfica a la composición faunística de los archipiélagos
macaronésicos y de otras islas del Atlántico”. El capítulo IV es
“Los reptiles de Macaronesia”, y el V se titula “Origen,
colonización y evolución de los reptiles terrestres de
Macaronesia”; este último constituye, desde mi punto de vista, uno
de los contenidos más interesantes de la monografía, pues es clave
para entender los procesos de colonización y evolución de los
reptiles macaronésicos. Y lo que viene después es el tratamiento
individualizado de los herpetos según cada archipiélago y región
considerada, comenzando por Cabo Verde y concluyendo con el “enclave
continental macaronésico”. Cierran la obra los capítulos XII y
XIII, que abordan respectivamente las tortugas marinas de las aguas
macaronésicas y el estado de conservación de los reptiles
macaronésicos, además del índice general, un índice por especies
y cinco tablas en forma de apéndice, en las que se muestran
distintos aspectos de interés.
Retomando los textos
individuales sobre cada especie de reptil, archipiélago por
archipiélago, cabe decir que la información ofrecida en ellos
incluye aspectos tales como distribución (con un mapa coloreado),
identificación, variabilidad, biología y conservación, destacando
el hecho de que se hayan descrito algunos taxones nuevos para la
Ciencia, en concreto cuatro especies de reptiles caboverdianos (dos
lisas y dos perenquenes subfósiles, de los géneros Chioninia
y Tarentola) y dos subespecies canarias, una de perenquén
(Tarentola angustimentalis unamunoi,
de Fuerteventura y Lobos)
y otra de lisa (Chalcides coeruleopunctatus garciamarquezi,
de El Hierro). Aunque
estamos más acostumbrados(as) a ver este tipo de novedades
taxonómicas en revistas científicas, no es el primer caso en que se
aprovecha una obra de estas características para realizar
descripciones de taxones nuevos, ni será el último. Por otro lado,
es importante aclarar que no solo se tienen en cuenta los reptiles
autóctonos, sino también aquellos introducidos en cada
archipiélago, por lo cual no se escapa nada, salvo contadas
introducciones muy recientes, como la de una especie del género
Anolis en Tenerife o la del camaleón del Yemen (Chamaeleo
calyptratus) en
Gran Canaria. Aquí merece la pena apelar a la responsabilidad de
aquellas personas aficionadas a la terrariofilia, tan extendida en
muchos países de Europa (incluyendo España) y otros continentes,
puesto que a veces las introducciones de ciertos reptiles en islas
como las macaronésicas se deben a escapes o incluso a sueltas
deliberadas por parte de particulares, junto a los casos de taxones
que llegan en mercancías (p. ej. plantas de jardín) por barco o
avión, los cuales son mayoría.
Hay que hacer un último
comentario sobre las numerosas fotografías que acompañan el texto,
la mayoría de ellas de buena calidad, tanto de especies como de
hábitats y otros aspectos relevantes. Muchas han sido realizadas por
uno de los autores, Philippe Geniez, conocido herpetólogo de campo y
magnífico fotógrafo, que tiene un archivo realmente impresionante,
el cual cubre la casi totalidad de las especies presentes en el
ámbito geográfico abarcado por la obra. Igualmente, merece
alabanzas la labor de maquetación, realizada por Patricia Veiret,
también autora del libro, y, por supuesto, el exhaustivo trabajo
llevado a cabo por el primer autor, José A. Mateo, y la
participación de Luis F. López-Jurado.
Por tanto, solo queda recomendar
vivamente esta obra, que viene a llenar un hueco importante en la
biblioteca de todo(a) herpetólogo(a), biólogo(a) o naturalista
macaronésico que se precie de serlo, y esperar que tenga una cierta
distribución en librerías y tiendas especializadas de Canarias y
otros archipiélagos hermanos, ya que un libro de esta relevancia e
interés debe llegar a muchas personas y no solo a un grupo reducido
de profesionales y aficionados(as) a la Herpetología.
Rubén Barone Tosco