La
isla de Fuerteventura alberga tres especies autóctonas de reptiles, todas ellas
endémicas del sector más oriental del archipiélago canario (Lanzarote,
Fuerteventura e islotes asociados); se trata del perenquén rugoso o majorero (Tarentola angustimentalis), la lisneja (Chalcides simonyi) y el lagarto
atlántico o de Haría (Gallotia atlantica).

El
perenquén rugoso o majorero está extendido prácticamente por toda la geografía
de la isla, desde el extremo norte al macizo de Jandía (donde alcanza los 800 m
de altitud), así como en el islote de Lobos, pudiéndose hallar en muy distintos
ambientes, tales como sistemas arenosos con escasez de piedras, llanos
terroso-pedregosos, “malpaíses” o campos de lavas recientes, barrancos, laderas
de montañas y “cuchilletes” y núcleos de población. Es muy habitual
encontrarlos debajo de piedras, o bien activos en muros, áreas rocosas y zonas
de “malpaís” al atardecer y durante la noche. Suele ser una presa muy habitual
de la lechuza común (Tyto alba
gracilirostris) y, en menor medida, del alcaudón real -ya mencionado con
anterioridad-, así como de otras aves.
En
cuanto al lagarto atlántico o de Haría, resulta bastante común en muchas zonas
y presenta una amplia distribución en Fuerteventura, donde ocupa, además, muy
distintos hábitats. Nos llamó mucho la atención el comportamiento muy dócil de
algunos ejemplares observados y fotografiados junto al faro de punta Martiño,
en el extremo norte de Lobos, los cuales se aproximaban a menos de medio metro
de las personas, sobre todo cuando éstas depositaban algo de comida en el suelo.
Al igual que el perenquén, es una presa muy frecuente en la dieta de varias
aves rapaces, sobre todo del cernícalo vulgar. Hay que resaltar que la
subespecie presente en Fuerteventura y Lobos es Gallotia atlantica mahoratae, endémica de ambas ínsulas.
Por
último tenemos a la lisneja. Como se comentó antes, se trata de un reptil muy
críptico, de hábitos en parte crepusculares y nocturnos (aunque en ciertas
épocas se halla activo también de día) y, por tanto, bastante difícil de
localizar en el campo, por lo cual se dispone de muy pocas citas recientes. Se
conoce su presencia, sobre todo, en el sector centro-norte de la isla, si bien
también han sido hallados restos óseos recientes en Lobos y hay alguna cita
referida al macizo de Jandía. Sus requerimientos ecológicos son mucho más
exigentes que los de las especies anteriores, y por ello suele habitar casi
únicamente en muros de piedras de cultivos, fondos de valles y áreas rocosas
con cierto grado de humedad, incluyendo “malpaíses”, hasta unos 450 m de
altitud. La foto de la especie que acompaña a este texto ha sido obtenida en
cautividad y corresponde a uno de los ejemplares mantenidos por el Cabildo de
Fuerteventura en sus instalaciones de La Oliva, los cuales han sido liberados
en fechas recientes. En este sentido, hay que destacar que la lisneja figura
como “Vulnerable” en el Catálogo Nacional
de Especies Amenazadas, aprobado en 2011, así como en el Catálogo Canario de Especies Protegidas,
publicado el año anterior, al considerarse una especie amenazada.
En suma, Fuerteventura constituye
un territorio muy interesante para la observación de la faunula reptiliana, a pesar de que tan solo hallamos en él tres
especies autóctonas de este grupo. A ellas hay que sumar varias introducidas
con mayor o menor éxito desde otras islas del archipiélago, tales como el
lagarto gigante de Gran Canaria (Gallotia
stehlini) y el lagarto tizón (G.
galloti), además de la exótica culebrilla ciega de las macetas (Indotyphlops braminus), cada vez más
extendida en nuestras islas.
Rubén
Barone Tosco, 31 de octubre de 2015