Los parásitos pueden afectar
características fisiológicas importantes del huésped, con un impacto potencial
en sus poblaciones. Sin embargo, se desconoce cómo varían las infecciones
parasitarias a lo largo del tiempo y el espacio, especialmente en los reptiles.
Sobre este concepto se pudo disfrutar de la comunicación oral de Joaquim Felipe
Faria titulada “Ten years of blood parasitism data for six lizard species from
Iberia, the Canary Islands, and Morocco”, expuesta en el “23rd
European Congress of Herpetology”, celebrado en Bonn (Alemania) durante la
semana del 8 al 12 de septiembre de 2025.
Combinando los datos microscópicos y moleculares, evaluaron los parásitos sanguíneos en tres contextos biogeográficos: clima atlántico en el norte de Portugal, clima mediterráneo en las montañas del Atlas de Marruecos y clima subtropical en las Islas Canarias; observando 6 especies de lagartos (5 lacértidos y 1 geco) durante un intervalo de aproximadamente 10 años, con datos extensos casi bienales para Gallotia galloti de Tenerife. Evaluaron la relación entre los parásitos sanguíneos y las características morfológicas, el microclima y los datos sobre ectoparásitos de los lagartos (en caso de encontrarlos). Los resultados muestran que el tamaño corporal (longitud hocico-cloaca) y la condición física suelen presentar una relación positiva y significativa con la infección parasitaria. Aunque la relevancia de estas características depende de cada especie, sugieren una relación específica entre el huésped y el parásito. Se suele esperar que los machos sean los más parasitados, pero esto solo se observó en una especie, lo que sugiere que la exposición a parásitos relacionada con el sexo varía según el contexto ecológico. También detectaron fluctuaciones anuales en la infección por parásitos sanguíneos (relacionadas con el clima o con la demografía del huésped), pero a menudo no se observaron efectos estacionales. El aumento de la temperatura ambiente se asocia positivamente con la prevalencia de parásitos sanguíneos en Portugal y Tenerife, pero negativamente en las montañas del Atlas, lo que sugiere que las adaptaciones altitudinales de los parásitos o vectores podrían estar modulando esta dinámica.
Los investigadores concluyeron
que el patrón de cambio y los factores que influyen en la prevalencia e
intensidad de los parásitos sanguíneos también difieren entre los sistemas
huésped-parásito, lo que sugiere que distintos factores promueven la
contracción y el crecimiento de la infección. Se sabe que los ácaros hematófagos
son vectores de ciertos parásitos sanguíneos, pero no se encontró ninguna
asociación con la infección por estos. Por tanto, las condiciones locales y las
historias de coadaptación de cada sistema son importantes para comprender la
dinámica huésped-parásito y deben investigarse por separado.
Enlace: Faria et al., 2025
